De cara a Dios, tendremos que clarificar—discernir— un aspecto muy importante: si El nos puede imponer su voluntad, si tiene una «voluntad específica» para cada quien y en todo tiempo, o si lo que tenemos que hacer es reconocer en nuestros deseos y aspiraciones aquellos que se pueden atribuir a Dios.
Al conocer el barro del que estoy hecho, me doy cuenta de que tengo una serie de miedos y compulsiones que me fabrican fetiches, falsas imágenes de Dios. Por eso un primer examen, un primer discernimiento, tiene que encaminarse a verificar si eso que yo llamo «Dios» refleja en realidad la imagen del Dios que Jesús nos revelara, o si es una pobre percepción de Dios, producto mi propia fragilidad humana.
Adaptación de: El examen, una vía de acceso al discernimiento
Carlos R. CABARRÚS-Jesuita
Director del ICE (Instituto Centroamericano de Espiritualidad) - Guatemala